12 abr. 2018

Verdades a medias

Uno no sabe qué es peor. Decir una mentira o decir una verdad a medias. Las mentiras, según el refranero, tienen la patas muy cortas y enseguida pueden ser descubiertas, porque se alejan tanto de la realidad que resultan fácilmente detectables. En cambio, las verdades a medias, que son mentira, toman algo de la verdad, lo mezclan, y así resultan mucho más difíciles de descubrir y, por eso, son mucho más perjudiciales y de consecuencias más dañinas. Cuesta oponerse a ellas porque requieren una labor previa que identifique qué hay de verdad y, sobre todo, dónde está la mentira.
Digo esto a cuenta de un artículo que ha publicado hoy el diario El País (12/04/2017) y que firma el afamado escritor Javier Cercas, un intelectual de izquierdas (como él se define) que se titula "Políticos presos, no presos políticos".
Pues bien, el Sr. Cercas, en su artículo, hace un relato del "procés" que sólo tiene en cuenta una parte de la verdad. Tal vez la historia que nos cuenta sea verdad, pero no es toda la verdad, e incluye algunos elementos que son mentira manifiesta. Cercas empieza su relato -como casi todos los intelectuales, periodistas, políticos, etc. unionistas- a partir del 2012-13, pero lo cierto es que se centra casi exclusivamente en los hechos que tuvieron lugar en el Parlament en septiembre del año pasado y lo que vino después. Pero deja de lado y olvida lo que había sucedido con anterioridad a esa fecha, un acontecimiento que explica los sucesos que él narra, le dan una coherencia y una lógica histórica.
Todo comienza con la sentencia del TC que mutila y cercena el Estatuto de Catalunya de 2006. Esa sentencia fue hecha pública en junio de 2010, ¡cuatro años! después de la presentación del recurso de inconstitucionalidad interpuesto por el PP. Un estatuto que había sido refrendado por los catalanes en  referéndum y por las Cortes Generales españolas.
Hay algunos elementos en esa sentencia del TC que rompieron el pacto constitucional que regía la relación entre la Comunidad Autónoma de Catalunya y el el Estado español, y sobre los cuales ningún intelectual español, ni de izquierdas ni de derechas, dijo nada que pudiera paracerse a una crítica motivada. Fue una sentencia politizada de principio a fin, y la presión del PP hizo que, al final, el tribunal le diera la razón a los que presentaron el recurso. Aconsejaría a Cercas -y a quien quiera- que se repase lo que allí sucedió y que me diga si aquello no huele a un "exitoso autogolpe civil moderno". Tal vez una de las páginas más negras de aquel tribunal (y tiene muchas) fue cuando recusó al magistrado Pablo Pérez Tremps (6 votos contra 5) con la excusa de que no era un juez imparcial ¡por haber realizado un informe para la Generalitat de Catalunya! La verdad es que este magistrado pertenecía al sector progresista y había que quitarlo de en medio como fuera. Y eso se hizo con la presión del PP que entonces comandaba, para estos asuntos, el Sr. Federico Trillo (supernumerario del Opus Dei y costalero de la Ilustre Cofradía cartaginesa del Santísimo y Real Cristo del Socorro). Aquí también hubo un plan (como diría cualquier juez de la Audiencia Nacional), urdido por el PP y los integrantes de lo que podríamos denominar el "Estado profundo" (los altos funcionarios del Estado) para que el Estatuto de Catalunya fuera mutilado como lo fue, y para que todo se hiciera con apariencia de legalidad. De hecho, cuando tú estás en el poder y dominas todos sus resortes no necesitas romper la ley, te basta con cambiar lo que no te gusta o simplemente darle una interpretación distinta a la que la jurisprudencia ha sostenido hasta la fecha. Así de fácil y así se hizo.
A partir de ese momento, hubo decenas de intentos, por parte catalana, de recomponer el pacto roto. Yo mismo he consignado algunos de ellos en este blog. Es importante, no obstante, retener esta idea de pacto, porque es la base de toda democracia moderna. En su origen, en Inglaterra, la democracia parlamentaria nace como un pacto entre la corona y los representantes del pueblo. Es el "covenant", el sacrosanto pacto entre partes dispuestas a regirse por las mismas reglas del juego, que tiene indudables ecos bíblicos y que es la semilla del constitucionalismo moderno. Roto el pacto, y sin interés por recomponerlo desde el Estado, el republicanismo catalán se vio abocado a huir hacia adelante, a elevar el tono y el listón de sus demandas una vez comprobado que el Estado español es irreformable, porque el pacto del 78 ha creado su propia élite de poder, un maridaje de políticos y empresas del IBEX, que no está dispuesta a renunciar a ninguno de sus privilegios. Esta es la causa, querido Cerca, que explica "este cambio", o si lo prefieres una de las principales causas que explican que el catalanismo político se hiciera secesionista. No de la noche a la mañana, sino después de constatar además su nula influencia política en Madrid y, en general, en la política española.
También hay otro tema que el Sr. Cercas menciona y que repiten machaconamente los adalides del constitucionalismo, y es ése de decir que España es uno de los estados más descentralizados no sólo de Europa sino del mundo. Incluso se atreve a decir -sí, sí- que las comunidades autónomas tienen más poder que los länder alemanes. Pero no por mucho repetir esta mentira será verdad. Para demostrarlo, el afamado escritor sólo tiene que considerar y apreciar qué tribunal alemán está viendo la extradición del presidente Puigdemont. Algunos juristas, yo los he escuchado, han comparado la audiencia de Schleswing-Holstein con la audiencia provincial de Zamora. Si el caso fuera a la inversa, es decir, si el "Puigdemont alemán" hubiera sido detenido en Catalunya, no lo dude mi querido Sr. Cercas, el caso se hubiera llevado a la Audiencia Nacional o al Supremo, pero nunca el Tribunal Superior de Justicia de Catalunya hubiera decidido sobre una euroorden de esta naturaleza. ¡Nunca! Entonces, ¿dónde está la descentralización? La descentralización es algo más que gestionar los recursos que traspasa el Estado, pero éste es otro debate que tampoco quieren abrir las élites españolas. Más bien al contrario, parece que ya hay consenso en recentralizar el poder español. Pues nada, que sigan por ahí...
Con estos elementos se entienden mejor los sucesos que vinieron después y son clave para comprender por qué actuó como actuó el catalanismo político en otoño del año pasado. Si esto no se explica, estaremos ante medias verdades que son, como dijimos antes, las peores mentiras.

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