| 1 ¡Bendito Jehová, mis adversarios ya crecieron abundantes! Son muchos los que vi alzados contra mi con rostros arrogantes. Y muchos en verdad, son los que sin piedad contra mi van diciendo: que no hay salvación ni paz o redención, en Dios ni aun creyendo. 2 Mas eres Tú SEÑOR de mi alrededor escudo comprobado: eres mi gloria_y bien y Tú eres sólo quien mi nombre_ha levantado. Con mi serena voz, clamé yo fiel a Dios y Él me_ha respondido con grande prontitud desde la_excelsitud del monte bendecido. 3 Tranquilo me tendí, y muy feliz dormí; y cuando reposaba llegué yo_a despertar, porque_el Dios singular mi vida sustentaba. Así nunca jamás yo temeré, por más que haya diez millares de gentes que vendrán y contra mí pondrán sus cercos peculiares. 4 Levántate, SEÑOR, acude_en mi favor, líbrame del impío; porque tu mano_hirió la faz del que volvió su rostro contra_el mío. Quebraste con poder los dientes del que_ayer perverso fue constante. Oh Dios de salvación, sea tu bendición al pueblo triunfante. |
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29 sept 2014
Salterio de Ginebra. Salmo 3
15 abr 2014
La misión de Calvino
- "En cuanto al reproche que me han hecho, de que me he separado de la Iglesia, no me siento culpable en absoluto. A no ser que se considere traidor a aquél que, al ver a los soldados confusos y extraviados, corriendo de un lado para otro, y abandonando sus puestos, levanta la bandera de capitán y les llama y les pone de nuevo en orden. Pues todos los tuyos, Señor, estaban tan extraviados que no sólo no podían oír lo que se les ordenaba, sino que parecía que ya no se acordaban de su capitán, ni de la batalla, ni del juramento que habían hecho. Y para apartarles de este su error, no he levantado una bandera extraña, sino aquel Tu noble estandarte que debemos seguir si queremos alistarnos en Tu pueblo. Y en este punto, los mismos que debían mantener en orden a estos soldados y que les habían llevado al error, se han alzado contra mí; y porque he persistido con gran constancia, se me han enfrentado con gran violencia; y han comenzado a amotinarse de modo tal que se encendió el combate hasta romper la unión. Pero ¿de qué lado está la culpa? Tú, Señor, lo debes decir y decidir. Por mi parte, siempre he demostrado con palabras y con hechos cómo deseaba la unión y la concordia: pero me refería, no obstante, a aquella unión de la Iglesia, que comienza en Ti y acaba en Ti mismo. Pues cuantas veces nos has recomendado esta paz y unión, has declarado al mismo tiempo que Tú eras el único vínculo para conservarla y mantenerla. En cuanto a mí, si hubiese querido tener paz con los que se vanagloriaban de ser los primeros en la Iglesia y los pilares de la fe, la hubiera tenido que comprar con la renuncia de la verdad. Pero preferí más bien exponerme a todos los peligros del mundo antes que condescender con un pacto tan execrable. Pues tu mismo Cristo nos anunció que si el cielo debía perecer juntamente con la tierra, Tu Palabra sin embargo tenía que permanecer eternamente (Mt. 24,35)."
- "As to the charge of forsaking the Church which they were wont to bring against me there is nothing of which my conscience accuses me, unless, indeed, he is to be considered a deserter, who seeing the soldiers routed and scattered, and abandoning the ranks, raises the leader's standard, and recalls them to their posts. For thus, O Lord, were all thy servants dispersed, so that they could not, by any possibility, hear the command, but had almost forgotten their leader, and their service, and their military oath. In order to bring them together, when thus scattered, I raised not a foreign standard, but that noble banner of thine whom we must follow, if we would be classed among thy people. Then I was assailed by those who, when they ought to have kept others in their ranks, had led them astray, and when I determined not to desist, opposed me with violence. On this grievous tumults arose, and the contest blazed and issued in disruption. With whom the blame rests it is for thee, O Lord, to decide. Always, both by word and deed, have I protested how eager I was for unity. Mine, however, was a unity of the Church, which should begin with thee and end in thee. For as oft as thou didst recommend to us peace and concord, thou, at the same time, didst show that thou wert the only bond for preserving it. But if I desired to be at peace with those who boasted of being the heads of the Church and pillars of faith I behoved to purchase it with the denial of thy truth. I thought that any thing was to be endured sooner than stoop to such a nefarious paction. For thy Anointed himself hath declared, that though heaven and earth should be confounded, yet thy word must endure for ever, (Matthew 24:35.)"
19 nov 2010
Parte I: Reflexiones sobre la democracia
Hace algún tiempo que leí este artículo de John Snyder y fue muy gratificante comprobar que había alguien en el mundo –aunque estuviera tan lejos– que había llegado a las mismas conclusiones que yo, si bien por otras vías. Nunca se ponderará bastante lo que supuso la Reforma en la evolución política de Europa y Norteamérica, pero realmente su incidencia en el nacimiento del sistema democrático, tal y como nosotros lo conocemos actualmente, fue decisiva y marca un antes y un después en la evolución de los países que adoptaron los principios reformados. Por eso, me ha parecido oportuno traducir el artículo del Sr. Snyder, para que más gente en España tenga una idea clara de los fundamentos de nuestra sociedad.
Fuente: John Snyder. Thoughts on Democracy. Part one. = Reflexiones sobre la democracia. 1a Parte.
¿Alguna vez os habéis preguntado por qué la libertad política y religiosa apareció por primera vez, según parece, en el seno de la civilización cristiana? Quizás nunca habíais reparado en ello hasta el momento. Pero ya puestos, ¿alguna vez os habéis planteado por qué el desarrollo de la democracia liberal ha sido consecuencia directa del cristianismo protestante de los siglos XVI y XVII?
Permitidme que os dé una breve lección de historia. No es una historia «políticamente correcta» ni es la adoptada por la intelectualidad multiculturalista o la izquierda política. Pero aún así es la pura verdad.
La primera democracia de éxito que apareció en la historia del mundo fue Inglaterra. Sí, ya sé que seguramente habéis oído decir que fue Atenas, pero ese primer experimento político desapareció en el polvo de la historia dos mil años antes de que la Revolución Puritana estableciera el primer estado liberal y democrático perdurable. Antes de que el parlamentarismo eclosionara bajo los puritanos, nadie había dado realmente con la idea adecuada de democracia. Fueron John Locke, Sam Rutherford y Juan Calvino los auténticos progenitores de la democracia liberal, no Pericles o Temístocles.
La verdad es que hasta la Revolución Puritana en Inglaterra
, la democracia fue rechazada de plano por toda la gente instruida que la consideraba una monstruosidad política. Platón, que es el padre indiscutible de la filosofía occidental, escribió su obra más importante,
En la misma línea, el propio Jesucristo fue condenado por una simple votación a viva voz cuatrocientos años más tarde en el centro de Jerusalén. No es un dato muy positivo.
He llamado vuestra atención sobre estos hechos para clarificar algunas cosas que han sido deliberadamente oscurecidas por nuestras actuales universidades seculares. La democracia, antes de formar parte integrante de la mentalidad calvinista, fue un completo fracaso. A pesar de todas las pretensiones y aseveraciones en contra que reivindican la democracia como producto de la Ilustración o el Renacimiento, lo cierto y verdad es que la democracia liberal es fruto única y exclusivamente de la Reforma protestante.
Para empezar, los Estados Unidos, Australia, Canadá y Nueva Zelanda son los herederos directos de esa gran tradición iniciada en Inglaterra. El modelo puritano tuvo algunos primos protestantes, los cristianos reformados de Holanda y los calvinistas de Suiza. Durante un breve pero glorioso período de tiempo, los hugonotes prosperaron en Francia y Bélgica hasta que fueron exterminados por la monarquía católica. Antes de 1800 las democracias del planeta se podían contar con los dedos de una mano y todas ellas eran indiscutiblemente protestantes y sus orígenes había que buscarlos en la cristiandad reformada.
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