23 nov. 2010

Parte II.: El Calvinismo y el éxito de la democracia liberal. La concepción calvinista del hombre.

Fuente: John Snyder. Part II.: Calvinism and the Success of Liberal Democracy - The Calvinist Conception of Man = Parte II.: El calvinismo y el éxito de la democracia liberal. La concepción calvinista del hombre.
El punto de partida de cualquier cuestión relevante sobre lo que debería ser el gobierno civil es la primera cuestión de la antropología: ¿cuál es la naturaleza humana?, ¿cómo es el hombre realmente?
Puede que no sea obvio en este instante, pero sin saber lo que es el hombre y cómo debería ser... sencillamente no podemos permitirnos tener una conversación fructífera sobre la naturaleza del gobierno y lo que éste «debería» ser. ¿Por qué? Porque los gobiernos existen con el propósito de ayudar a desarrollarnos y a vivir de un modo más o menos próximo a como se supone que deberíamos ser. Si uno acepta cualquier otra proposición, entonces el gobierno será cualquier cosa que la voluntad de los hombres quiera que sea… y eso puede ser… francamente… cualquier cosa. Anarquías, oligarquías, plutocracias, tiranías, despotismos, nepotismos, dictaduras militares… cualquier cosa que se os pase por la cabeza. Pero si creéis que existe una auténtica relación entre lo que el hombre es y lo que el gobierno debería ser… ¡bingo! Tenemos la base para discutir el problema del gobierno humano.
En otras palabras, si el hombre tiene una naturaleza, el propósito del gobierno existe en relación con el propósito de los hombres. O quizás debería expresarlo de esta forma… si el gobierno tiene una naturaleza… solamente se puede entender en relación con la naturaleza del hombre. Lo que el gobierno debería ser está directamente relacionado con la cuestión de lo que el hombre debería ser.
Bien, si nos dejan a nuestro albur, nuestro instinto “natural” nos dice que el gobierno debería maximizar nuestra libertad y desentenderse de nosotros. Pero esto es trivializar y no comprender la finalidad del gobierno. Si el gobierno tuviera que maximizar nuestra libertad y desentenderse de nosotros…entonces… ¿qué sentido tendría el gobierno? En efecto, la tendencia sería llevar nuestra libertad al máximo y acabar con cualquier forma de gobierno. Todo hombre y mujer apelaría a su libre voluntad para conseguir cualquier cosa que quisiera.
Y, desde luego, esta es la definición del caos.
Lo cual nos lleva a la siguiente conclusión: La libertad no tiene un significado real si no hay orden. O dicho más específicamente, la libertad carece de substancia real si no se da dentro de los límites y funciones que impone una sociedad sometida a la ley, o sea, a un gobierno. El gobierno no es solamente necesario, sino que además ¡es bueno! No es un mal necesario. El gobierno es positivamente necesario para nosotros, para vivir de la forma que quisiéramos vivir. O mejor dicho: las personas, para vivir como deberían vivir, tienen que desarrollar su vida en el marco de un esquema de libertad con orden. Esto significa que hay límites a la libertad. Y sobre todo: poner estos límites a la libertad es la finalidad propia de un gobierno.
Esta no es una idea popular. De hecho, es políticamente incorrecto defender cualquier idea que limite la libertad individual. Pero, amigo, esta es la vacuidad intelectual de los tiempos que corren. Una libertad sin limitaciones es el derecho de tu vecino a partirte la cara cuando le venga en gana. Esa clase de libertad carece de sentido.
Así que reexaminemos lo que es el hombre. El mundo intelectual de las universidades y la social-democracia moderna ve al hombre «bueno por naturaleza». El hombre, en realidad, no necesita mucho al gobierno. Este es el buen salvaje de J. J. Rousseau: Los hombres felices corretean por entre la naturaleza sin la corrupción que impone el moderno orden social. No sintiéndose constreñidos por los males de la sociedad o por los mercados desbocados, los hombres en su estado natural tienden a vivir, a hacer, a actuar de forma y manera que se benefician a sí mismos y a la sociedad. Están en paz con el resto de hombres y con la naturaleza. El hombre es racional y su comportamiento es excelente. Esta es la noción del hombre que tiene el socialismo actual. Y está en buena compañía. Los musulmanes también creen que el hombre es bueno por naturaleza. Y en la misma línea se manifiesta Confucio.
Y esto es una tontería.
El problema es que el mal existe, y ¿de dónde procede? Si no procede de nosotros… entonces debe de venir -dicen- de las cosas. Cosas como el gobierno, la familia, los sistemas económicos, las religiones, las armas, las normas sociales, las dobles morales, las malas conciencias, la materia cósmica.

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