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10 de set. 2014

El Estado español contra un libro




Spaanse ambassade blaast lezing Sánchez Piñol af




Afbeelding 8
Quema de libros por la Inquisición                                                                    Albert Sánchez Piñol

De lezing die de Catalaanse auteur Albert Sánchez Piñol vanavond zou geven bij het Cervantes Instituut in Utrecht is op het laatste moment afgeblazen. De Spaanse ambassade laat de bijeenkomst niet toe. >>


Der Prophet Jeremia

Capitel 20

10 DEnn ich höre / wie mich viel schelten / vnd allenthalben schrecken / Hui verklagt jn / Wir wollen jn verklagen (sprechen alle meine Freunde vnd Gesellen) ob wir jn vberforteilen / vnd jm beykomen mügen / vnd vns an jm rechen.
11 Aber der HERR ist bey mir / wie ein starcker Held / Darumb werden meine Verfolger fallen / vnd nicht obliegen / Sondern sollen seer zu schanden werden / Darumb / das sie so törlich handeln / Ewig wird die schande sein / der man nicht vergessen wird.


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20:10 En sento molts que mormolen: "Aquest és 'Terror de tot arreu'. Denuncieu-lo, i nosaltres també el denunciarem!" Tots els meus millors amics esperen que ensopegui: "Qui sap si es deixarà enganyar i el podrem fer caure, i prendrem revenja d'ell."
20:11 Però el Senyor és al meu costat com un guerrer poderós: els meus perseguidors ensopegaran, no podran fer res. El seu fracàs els cobrirà de vergonya, el seu deshonor no serà mai oblidat.


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20:10 Porque oí la murmuración de muchos, temor de todas partes: Denunciad, denunciémosle. Todos mis amigos miraban si claudicaría. Quizá se engañará, decían, y prevaleceremos contra él, y tomaremos de él nuestra venganza. 
20:11 Mas Jehová está conmigo como poderoso gigante; por tanto, los que me persiguen tropezarán, y no prevalecerán; serán avergonzados en gran manera, porque no prosperarán; tendrán perpetua confusión que jamás será olvidada. 



11/09/2014 -- TRICENTENARI

DIADA NACIONAL DE CATALUNYA. LLIBERTAT!!



7 d’abr. 2013

Sobre los votos monásticos (1521) X

Hanc igitur scientiam libertatis et sanitatem conscientiae petunt omnes insidiae humanarum et impiarum doctrinarum. Hic serpentis astutia simplicitatem, quae in Christo est, quaerit corrumpere. Hic vides, quam impiae sint leges de satisfactionibus, quibus docemur per opera nostra delere peccata. Rictus rapacium luporum sunt, qui conscientias a Christo divellunt et laceratas in opera propria dispergunt miserrime, semper discentes, semper operantes, et tamen ad veritatem et pacem nunquam pervenientes [2. Tim. 3, 7.]. Hos lupos Paulus Act. xx. [Apgsch. 20, 29.] graves vocat, qui intraturi erant non parcentes gregi, loquentes perversa, ut trahant discipulos post se. Quid est discipulos post se trahere, nisi a Cristo avellere? Hoc fit, dum conscientiae docentur operibus suis sese sanare, peccata delere et gratiam mereri, cum hoc in solis Christi operibus per fidem quaerendum sit.
Ese conocimiento de la libertad e integridad de la conciencia es el blanco de todas las acechanzas de las doctrinas humanas e impías. Aquí, la serpiente con su astucia trata de destruir la sinceridad que está en Cristo[1]. Y aquí puedes ver cuán impías son las leyes respecto de las satisfacciones, leyes en que se nos enseña que con nuestras obras borramos los pecados. Fauces abiertas de lobos rapaces son[2], que con violencia arrancan a las conciencias de Cristo y, después de lacerarlas, para colmo de males las dispersan en dirección a las propias obras; siempre están aprendiendo, siempre están ocupados en hacer obras, y sin embargo, jamás pueden llegar a la verdad y a la paz[3]. A estos lobos, Pablo en Hechos 20: 29 los llama rapaces, pues entrarían y no perdonarían al rebaño, y hablarían cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos. ¿Qué es «arrastrar tras sí a los discípulos» sino separarlos de Cristo? Esto sucede cuando se enseña a las conciencias que ellas mismas, por sus obras, se sanan, borran sus pecados y merecen la gracia, cuando en realidad todo esto ha de buscarse solamente en las obras de Cristo, mediante la fe.


[1] 2 Co. 11: 3.
[2] “Fauces abiertas…son” los que enseñan tal cosa.
[3] 2 Tim. 3: 7.

Sobre los votos monásticos (1521) IX

Haec quaestio movetur, ut videamus naturam libertatis Christianae. Est itaque libertas Christiana seu Euangelica libertas conscientiae, qua solvitur conscientia ab operibus, non ut nulla fiant, sed ut in nulla confidat. Conscientia enim non est virtus operandi, sed virtus iudicandi, quae iudicat de operibus. Opus eius proprium est (ut Paulus Roma. ii. dicit [Röm. 2, 15.]) accusare vel excusare, reum vel absolutum, pavidum vel securum constituere. Quare officium eius est, non facere, sed de factis et faciendis dictare, quae vel ream vel salvam faciant coram deo. Hanc igitur Christus liberavit ab operibus, dum per Euangelium eam docet nullis operibus fidere, sed in solius sua misericordia praesumere. Atque ita heret fidelis conscientia in solis operibus Christi absolutissime, et est columba illa in foraminibus petrae et in cavernis maceriae [Hohel. 2, 14.], sciens certissime, se non posse securam et quietam esse nisi in solo Christo, in omnibus vero operibus propriis non posse nisi ream et pavidam damnatamque manere. Sic ergo discernit et iudicat inter opera Christi et sua. Christi opera apprehendit et dictat in hunc modum: Per haec ego iustificabor et servabor et liberabor ab omnibus peccatis et malis, de quo non dubito, quia in hoc ipsum sunt per eum facta et in baptismo super me effusa, sine his non est salus, non est pax ossibus meis, non est satisfactio peccatorum [Ps. 38, 4.]. Sua vero opera mala videt et damnat, sed in Christi operibus vincit et contemnit, ne sese mordere possint. Potentiora sunt opera Christi ad nos liberandos et pacificandos, quam nostra sunt ad captivandos et terrendos, si tamen hoc credideris. Opera vero sua bona apprehendit et dictat ea facienda gratis ad commodum solum proximi et ad exercendum corpus, nequaquam ad iustitiam, pacem, satisfactionem peccatorum et remissionem parandas. Quia haec non nisi in Christi operibus quaerit et invenit fide constanti, sicut videt Christum fecisse sua opera gratis, ad commodum nostrum et pro usu corporis sui ad voluntatem dei.
Esta cuestión ha sido planteada para que dirijamos nuestra atención a la naturaleza de la libertad cristiana. La libertad cristiana o evangélica es, pues, la libertad de la conciencia, por la cual la conciencia es desligada de las obrás, no en el sentido de que no haya que hacer obrra alguna, sino en el sentido de que no hay que depositar la confianza en obra alguna. Pues la conciencia no es como un poder ejecutivo, sino como un poder judicial, que juzga sobre las obras. Su obra específica es (como Pablo dice en Romanos 2: 15) acusar o excusar, declarar culpabilidad o absolver, infundir temor o conferir seguridad. Por lo tanto, la tarea de la conciencia no es «hacer» algo, sino dictar un fallo sobre lo que se hizo y lo que se debe hacer, y decir qué cosas pueden hacer a la conciencia culpable ante Dios y cuáles la dejan sin cargo. Tenemos, entonces, que Cristo libró a la conciencia de las obras, pues que en su evangelio le enseña que no confíe en obra alguna, sino que se aferre y se atenga sólo a la misericordia de él. Y así, la conciencia creyente se basa, con exclusividad absoluta, en las obras de Cristo, cual «paloma que anida en las hendiduras de las rocas, en las grietas de las peñas escarpadas»[1] dándose perfecta cuenta de que no puede hallar seguridad y reposo sino en Cristo solo y que, en cambio, con todas sus propias obras no puede más que permanecer culpable, aterrada y condenada. Así, pues, discierne y juzga entre las obras de Cristo y las suyas propias. A las obras de Cristo se aferra, y de ellas afirma lo siguiente: por estas obras –de eso no me cabe la menor duda– yo seré justificada y preservada y librada de todos los pecados y males, porque para esto mismo han sido hechas por él y han sido derramadas sobre mí en el bautismo; sin estas obras no hay salvación, ni hay paz en mis huesos[2], ni hay satisfacción por los pecados. Sus propias obras malas empero las ve y las condena, mas las vence en virtud de las obras de Cristo, y las desprecia para que ya no la puedan dañar. Más poderosas son las obras de Cristo, para librarnos y apaciguarnos, que las obras nuestras para cautivarnos y aterrarnos; esto puedes creerlo con toda seguridad. Pero de sus propias obras «buenas», la conciencia también se ase, y respecto de ellas sostiene, que deben ser hechas gratuitamente, sólo para el bien del prójimo y para la ejercitación del cuerpo, y de ninguna manera para proporcionar justicia, paz, satisfacción por los pecados y remisión; porque estas cosas, la conciencia las busca sólo en las obras de Cristo, y allí las halla en una fe constante, así como ve que Cristo ha cumplido gratuitamente «sus» obras, para bien nuestro y para el uso de su cuerpo según la voluntad de Dios.




[1] Cantar de los Cant. 2: 14, versión Nácar-Colunga.
[2] Sal. 38: 3.

5 d’abr. 2013

Las nuevas comunidades reformadas


[…] alle Getaufte Priester seien und jene geweihten Priester vor ihnen nichts als den öffentlichen Dienst am Evangelium voraus haben, diesen aber auch treu und gewissenhaft sich zur Pflicht machen sollen; jene Weihe sei nichts als ein kirchlicher Brauch für die Bestellung der Prediger.


"Todos los bautizados son por igual sacerdotes; mas no todos deben ejercitar los ministerios del culto. Es preciso que sean elegidos por la comunidad local... Si en alguna localidad no hubiera ningún presbítero, bastarían los padres de familia para enseñar la doctrina evangélica... La condición necesaria para ser elegido ministro del culto, pastor o presbítero, es la idoneidad para enseñar la palabra".

La comunidad -dice P.R. Santidrián- está basada en el bautismo, el evangelio y la eucaristía (que no es necesaria para la salvación). Entre las diversas comunidades no habrá otra unión que la del espíritu. Nada de leyes coactivas, sólo la palabra de Cristo.
La estructura de la comunidad reformada es de base popular. La comunidad elige a los ministros y les delega sus poderes. Todos están sometidos a la comunidad, son como funcionarios civiles, sin carácter indeleble, sacramental. En este primer intento de comunidad democrática y carismática, Lutero llega hasta la creación de una caja común, administrada por un comité de nobles, burgueses y campesinos.
[...]
¿Qué es la Iglesia? "Es la comunidad de los que creen en Cristo", "el común de todos los cristianos", "el santo pueblo cristiano". La fe común es el lazo invisible que une a todos los cristianos. Por eso "la Iglesia es invisible", porque la fe es invisible y porque Cristo, su cabeza invisible, sólo se reconoce por la fe.
Los únicos signos visibles de la Iglesia son el bautismo, el pan y el Evangelio. "Donde veas que no está el Evangelio, allí no está la Iglesia...".

Pedro R. Santidrián. Lutero. Madrid: Labor, 1991 (Grandes personajes), pp. 115-116.