17 abr. 2014

¿Semana Santa? Lee la Biblia

Das ander Buch Mose 
Capitel 20, 4:

Du solt dir kein Bildnis noch jrgend ein Gleichnis machen / weder des das oben im Himel / noch des das vnten auff Erden / oder des das im Wasser vnter der erden ist.


No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.



Eyn Sermon von dem Hochwirdigen Sacrament
des Heyligen Waren Leychnams Christi 
Und von den Bruderschafften 
(1519)

Hay otra mala costumbre en las cofradías: se trata de una maldad espiritual, de una opinión falsa: creen que su cofradía no debería beneficiar a nadie sino sólo a ellos mismos que están anotados entre el número y en el registro o contribuyen para la cofradía. Esta maldita opinión perniciosa es aún peor que la primera maldad y es una causa por la cual Dios permite que las cofradías se transformen en tal escarnio de Dios y agravio a él con el comer y beber en demasía, etc. Con esto aprenden a buscar solamente lo suyo, a amarse a sí mismos, a preocuparse seria y solamente de su persona, a no atender a los demás, a creerse mejores que los demás y a atribuirse más privilegios ante Dios en comparación a sus semejantes. De esta manera se pierden la comunión de los santos, la caridad cristiana y la verdadera fraternidad instituida en el santo sacramento; se acrecienta en ellos el amor egoísta. Esto significa: con tantas cofradías que fían en las buenas obras exteriores, se oponen a la única, interior, espiritual y esencial comunidad de toda santa cofradía.

Cuando Dios ve el proceder perverso él a su vez lo pervierte, como se dice en el salmo 17[1]: «Con los perversos te muestras tortuoso». Dios lo dispone de modo que con las cofradías se expongan a las burlas y se escarnezcan. Los rechaza de la común cofradía de los santos, a la que ellos se oponen sin colaborar con ella, arrojándolos a su cofradía glotona, borracha y deshonesta para que encuentren lo suyo los que no han buscado y anhelado más que lo propio. No obstante, los enceguece para que no adviertan semejante abuso y deshonra y cohonesten tal torpeza con el nombre de los santos, como si todo esto estuviera bien hecho. Además deja caer a algunos tan profundamente en el abismo que se vanaglorian en público diciendo que no serán condenados los que pertenezcan a su cofradía, como si el bautismo y el sacramento instituidos por Dios fueran más insignificantes e inciertos que lo que ellos elucubraron en sus mentes ciegas. De esta manera Dios ha de infamar y enceguecer a los que agravian e injurian sus fiestas, su nombre y sus santos en perjuicio de la común cofradía cristiana emanada de las heridas de Cristo, dedicándose a sus locas torpezas y el cochino uso de sus cofradías.

Volvamos al sacramento. Ahora la comunión cristiana se encuentra en una situación tan mal como jamás ha estado. Día tras día decrece más, principalmente en los superiores. Todos los lugares están llenos de pecado e ignominia. Por ello, no te fijes en cuántas misas se celebran y cuántas veces se administra el sacramento, pues es por esto que las cosas más bien empeoran que mejoran. Observa cuánto tú y otros aumentáis en la significación de este sacramento y en la fe en él. En eso consiste todo el perfeccionamiento. Y cuanto más te halles incorporado en la comunidad de Cristo y de sus santos, tanto mejor será tu situación, es decir, tanto más encontrarás que estás aumentando en la confianza en Cristo y en sus amados santos, de modo que estarás seguro de que te aman y te ayudan en todas las necesidades de la vida y de la muerte. Por otra parte, debes condolerte de corazón del decrecimiento y de la apostasía de todos los cristianos y de toda la comunidad en cada uno de los cristianos. Tu amor será común a cada cual; con gusto ayudarás a todos; no odiarás a nadie; te compadecerás de todos y rogarás por ellos. Mira, así anda bien la obra del sacramento. Muchas veces llorarás, clamarás y te afligirás por el mísero estado de la cristiandad actual. Mas si no hallares en ti semejante confianza en Cristo y en sus santos y no te afectare ni conmoviere la miseria de la cristiandad y de cada uno de los prójimos, cuídate de otras buenas obras, puesto que en este caso pensarás que eres bueno y serás salvo. De seguro será mera apariencia, simulación y engaño, porque carecerás del amor y de la comunión sin los cuales no hay nada bueno. Pues, «summa summarum, plenitudo legis est dilectio», el amor cumple todos los mandamientos. Amén.


[1] Véase Vulgata, Sal. 17: 27.

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