24 mar 2013

Sobre los votos monásticos (1521) IV

Petra ergo nostra firma invenitur et dispulsis nubibus principium perfidiae illorum subvertit, stat quoque Paulus inconcussus [Röm. 14, 23.]: ‘Omne quod non est ex fide, peccatum est’, nec curat, quod sententia illis dura videatur. Dura fuit et mors Christo pro nobis suscepta, magnum fuit filium dei incarnari et dari pro nobis. Nihilo tamen minus factum credimus. Non oportet sequi in rebus dei nostrum iudicium, nec definire secundum quod nostro sensui aliquid durum, molle, grave, leve, bonum, malum, iustum, iniustum videtur. ‘Non facies (inquit Deutero. xii. [5. Mos. 12, 8.]), quod tibi rectum videtur’, sicut faciunt tamen impiisimae facultates scholarum, omnia divina ad humani sensus iudicium aestimantes et pro petris fidei arenas et paludes perfidiae suae in principia fidei collocantes. Sed ad verba fidei aptandus est noster sensus, captivandusque intellectus in obsequium Christi [2. Cor, 10, 5.].
Así que nuestra roca se evidencia como roca sólidamente asentada que, disipadas las nubes, demuele el principio básico de la mentida fe de nuestros antagonistas; permanece también incontrastable San Pablo cuando afirma: «Todo lo que no proviene de la fe, es pecado», y poco le importa que estas palabras les parezcan duras. Dura fue también para Cristo la muerte que él tomó sobre sí por nuestro bien, y grande cosa fue que el Hijo de Dios se hizo hombre y fue entregado por nosotros; y no obstante, lo creemos. Las cosas que son de Dios no hay que medirlas con la vara nuestra, ni se ha de aplicar nuestro criterio para calificarlas de duras, suaves, fáciles, buenas, malas, justas o injustas*. «No harás (dice en Deuteronomio 12: 8) lo que bien te parece»; sin embargo, así lo hacen con indecible impiedad los profesorados de las universidades, quienes tasan todo lo divino según el dictamen del parecer humano y sientan como fundamento de la fe las arenas y los pantanos de su engaño en lugar de la roca de la fe verdadera. Pero nuestro parecer debe guiarse por las palabras de la fe, y nuestro pensamiento debe ser llevado cautivo a la obediencia a Cristo [1].


[1] 2 Co. 10: 5.
*En eso se diferencia un cristiano del resto de sectas aborrecibles.

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