1 may. 2013

Rom. 2: 21

RV: "Tú, pues, que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo? Tú que predicas que no se ha de hurtar, ¿hurtas?"
Die Glosse (Ficker, 22):
Qui ergo alium doces, [sicut confidis tu, licet vere non doceas, quia literam doces sine spiritu] te ipsum [quia et tu eque indiges sicut illi, quos doces] non doces; [sc. spiritum legis] qui praedicas [ex lege adducens preceptum] non furandum, [sc. quoad opus externum] furaris; (2)
Y dice Lutero en su glosa:
(2) Entre éstos deben ser contados los príncipes y los poderosos del mundo quienes toman para sí los bienes de sus súbditos, no robando por medio de la violencia sino amenazándolos de malos modos (indignationem minando) o abandonándolos en sus otras necesidades si no les dan lo que quieren. Y dicen: 'No le forzamos. Nos lo da de buen grado (sponte)'. La verdad es que no lo han forzado directamente (positive), pero sí indirectamente (privative). Este es el carácter (ingenium) de los hijos del hombre. Así que encontrarás muy pocos príncipes que no sean ladrones y trincones, o al menos hijos de ladrones y trincones. Con razón san Agustín dice: '¿Qué son los grandes reinos sino grandes máquinas de robar (latrocinia)?' (De Civitate Dei, IV, 4). Y a pesar de todo, éstos son los que castigan [a los ladrones], aun cuando son peores que ellos, por cuanto buscan su propio provecho y no el bien público, [pues] se enriquecen a costa de descuidar y desamparar a sus súbditos".

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